Bolivia y el lejano oeste
Lo que acabo de leer en el periódico supera los límites de toda racionalidad. Bolivia ha definitivamente involucionado hasta volver al “sálvese quien pueda” del lejano oeste de principios de 1900. Bolivia es, ya sin remilgos, un país sin respeto a la propiedad privada y sin decencia alguna.
Esta es la historia.
Un diario paceño de circulación nacional, La Razón, vende sus copias de dos formas: a través de intermediarios (voceadores o “canillas”) y a través de suscripciones directas. Nada nuevo dirá usted, la mayoría de los diarios en el mundo opera así. De hecho, La Razón lo ha venido haciendo desde hace casi dos décadas. Al parecer, sin embargo, las suscripciones directas a este diario han venido incrementandose paulatinamente en los últimos años en desmedro del negocio de los voceadores o canillas.
Dependiendo de la estructura de costos, tecnología, y capacidad operativa de cada empresa, un objetivo legítimo puede ser tratar de evitar a los intermediarios y llegar directamente al cliente minimizando costos y reduciendo el precio final del producto. Las suscripciones son una estrategia en esta dirección. Negocios son negocios. Estoy seguro que La Razón no tiene nada personal en contra de los voceadores o canillas. Se trata simplemente de ahorrar el costo de sus servicios.
En cualquier otro país esta lógica se entendería muy bien. Sucede a diario. Una nueva tecnología reemplaza trabajadores en una fábrica, ventas por internet reemplazan a vendedores, teléfonos reemplazan a operadores de telegramas, computadoras reemplazan a dactilógrafos, etc. Si se tratara de proteger los trabajos o profesiones de todos el avance de la ciencia y el desarrollo nunca se materializarían.
Pero en Bolivia no hay ley, o al menos nadie la respeta. Los voceadores o canillas protagonizaron un escándalo este fin de semana agrediendo a plena luz del día a trabajadores de La Razón que vendían el diario a sus clientes. Se dá cuenta de la barrabasada? La Razón vende su producto al cliente en una transacción entre agentes privados y unos canillas malechores lo tratan de impedir violentamente. Esto es una mafia al estilo Capone: “si no vendes a través mio, entonces no vendes.” Y claro, en vez de entender esto como un crimen a secas y hacer que la policía meta presos a los agresores, la metafísica boliviana se hace cargo del problema. Veamos.
- Los voceadores o canillas se declaran víctimas que solo están “protegiendo sus fuentes de trabajo.” Esta debe ser una de las expresiones que me revuelve más las tripas. Quién la acuñaría? Lo que me saca de quicio es la poética comparación de un lugar de trabajo con una “fuente” (el orígen del agua y por tanto, en lírica, de la vida). Cuando uno asocia un lugar de empleo con “la fuente,” se le da al trabajo o empleo una connotación de derecho natural. Qué persona con corazón alejaría a alguién de la “la fuente”? Qué persona con corazón, por tanto, alejaría a una persona de su trabajo? Pero, lo sentemos de una vez por todas, el trabajo NO es un derecho sino un merecimiento. Ser empleado por alguién requiere mucho más que solo existir (derecho natural). Requiere competir y proveer un servicio igual o mejor que otros. En que mala hora entró en la mentalidad latinoamericana que todos deberían tener un trabajo simplemente por nacer en un determinado territorio?
Si los voceadores o canillas quieren parte de la torta, deben esforzarse en mejorar sus sistemas, ofrecer menores precios y ofrecer una ventaja comparativa en la distribución de diarios. Si lo hacen y son más rentables que usar suscripciones, La Razón los volvera a emplear. El trabajo se logra compitiendo no como un derecho dado.
- La ministra de gobierno, Alicia Muñoz, critica la actitud de los voceadores y llama al diáologo entre La Razón y los voceadores o canillas. Esta “cultura del diálogo” también ha rebasado los límites. Lo que hicieron los voceadores o canillas este fin de semana es un crimen. Así de simple. Cómo puede la ministra llamar a un “diálogo”? La próxima vez que encuentre un ladrón en su casa no llame a la policía y no pida que lo metan preso, mejor empiece un “diálogo” con el malechor de turno. Desafortunadamente ese es el tipo de democracia que genera una administración populista. En Bolivia tomar tierras, bloquear caminos, e impedir la libre venta de bienes y servicios no lleva a la carcel, lleva a una “mesa de diálogo.” Hasta cuando?
- Por otro lado, y aunque simpatizo completamente con los ejecutivos de La Razón, éstos se quejan esgrimiendo un argumento (entre muchos otros, por supuesto) que también me produce retortijones: “no se puede impedir el derecho a la información de la ciudadanía.” No sé si esto está escrito en la Constitución pero si así es, no debería. La información es un bien como cualquier otro. Tiene uno derecho a un auto, derecho a una computadora, derecho a una polera? Por qué deberíamos tener derecho a estar informados?
Como en el caso del “derecho al trabajo,” esto no es solo semántica, refleja una filosofía errónea de que determinados bienes deben ser provistos necesariamente para todos. Esto genera errores fundamentales porque muchos socio-sabelotodo deducen que, como son un derecho, el gobierno los debe garantizar. Y ahí empiezan muchos de los problemas de Latinoamérica.
Los ejecutivos de La Razón tienen argumentos de sobra contra el crimen y ataque a la propiedad privada y eso debería bastar para mandar a los canillas a las rejas.
