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August 7, 2006

Los principios de una reforma educativa

Filed under: Señales, Economía Institucional, Bolivia, Evonomics - Antonio @ 12:28 pm

La educación no es condición necesaria ni suficiente para el desarrollo económico. Varios países “educados” todavía son pobres y muchos países desarrollados no lideraban los índices educativos antes de acelerar su crecimiento económico.1

Esta controversial evidencia empírica tiene su explicación en la estructura de incentivos de cada economía. Países con alto desempleo, corrupción y alta intervención estatal, se beneficiarán muy poco de su educación porque sus profesionales no encontrarán empleo, se harán parte de la burocracia política, o emigrarán. Esta “desilusión educativa” se transmitirá a su vez a las nuevas generaciones y los niños tendrán menos incentivos a adquirir educación aunque esta fuese “universal y gratuita.” En países con acelerado crecimiento, respeto a los derechos de propiedad, y menor intervención estatal, por otro lado, niños y padres tendrán incentivos a adquirir educación aunque ésta tuviera un precio.

Aceptar que la educación no es la panacea del desarrollo implica desmitificar ideas y posturas políticas largamente enraizadas como aquellas de que la educación es un “derecho” y debe ser “gratuita y obligatoria.” Primero, y como acabamos de ver, los padres enviarán a sus niños a la escuela y los jóvenes buscarán activamente educarse cuando exista la suficiente expectativa de retornos futuros. Cuando la estructura de incentivos es la correcta no se necesita obligar a nadie a adquirir educación.

Segundo, la educación no es la única forma de invertir en el futuro. Los jóvenes tienen otras opciones. Se puede invertir en capital físico o en desarrollar habilidades no académicas a través de la experiencia laboral. Muchos exitosos empresarios, artistas, deportistas o artesanos sin formación escolar pueden confirmarlo. La educación, entonces, debe ser entendida como un bien de inversión más, uno muy importante, pero solo uno entre diferentes alternativas. Nadie proclama que poseer capital físico o la oportunidad de desarrollar habilidades artesanales sea un “derecho.” ¿Por qué entonces la educación debiera ser uno?

Finalmente, la educación, como casi todo en este mundo, no es gratuita. La educación es un bien escaso y por lo tanto tiene un precio. Aunque los padres o jóvenes no paguen una colegiatura, sí pagan impuestos y estos se usan, entre otras cosas, para construir escuelas, pagar a maestros, etc. Es más, como sucede con casi todos los bienes provistos por el gobierno, el costo de la educación pública es generalmente mayor a la suma de los gastos empleados en proveerla.

Por un lado usted no puede decidir el tipo de educación que reciben sus niños ni tiene la opción de no pagar impuestos si considera que esta educación no satisface sus requerimientos. El gobierno define el tipo de educación que se ofrece, los impuestos se los cobran igual, y usted debe pagar adicionalmente por una educación privada acorde con sus necesidades. Por otro lado, la provisión de educación pública con impuestos distorsiona la relación entre cliente (padres o jóvenes) y proveedor (maestro, director de escuela, etc.). En una industria satisfecha por mercados, los clientes tienen el derecho claro a demandar un buen servicio o a cambiarse de proveedor. La competencia genera incentivos en las firmas a proveer mayor calidad a menores precios. En el contexto de la educación pública este beneficio del mercado no se llega a concretar.

Una verdadera reforma educativa debiera, por tanto, introducir estas consideraciones. Las típicas discusiones sobre pedagogía, diversidad, el lenguaje o la religión que se deben enseñar, no enfrentan el verdadero problema. El uso de mercados descentralizados en la provisión de educación es, definitivamente, el norte a seguir. Un mercado educativo competitivo es capaz de recoger las señales de la industria y el mercado laboral, y de responder a las necesidades de los demandantes de educación.

Existen varios ejemplos de países que han venido exitosamente reformando sus sistemas educativos en esta dirección evitando además hacer transiciones muy traumáticas.2 Estas experiencias han demostrado que la aplicación de un mercado educativo genera mayores coincidencias por el lado de la oferta que por el lado de la demanda.

Aunque en el largo plazo la oferta debiera ser privada, un paso inicial de consenso suele ser que los establecimientos educativos no tengan asegurados los fondos públicos sino que compitan por ellos en base a su rendimiento. Esto restaura los incentivos del proveedor a elevar la calidad de su servicio. En el caso de la demanda la pregunta de la discordia sigue siendo: ¿Qué pasa con las familias pobres que no pueden pagar por educación? Una solución temporal típica es el acceso a créditos blandos por parte de instituciones gubernamentales y extranjeras, o donaciones (becas). En Chile, el sistema de “vouchers educacionales,” por ejemplo, ha sido un exitoso paso inicial. Como los créditos son solo eso, créditos que uno termina pagando, el rol de cliente es restaurado y los padres y jóvenes ejercen una real y efectiva demanda por educación. Esto, a su vez, genera una beneficiosa y saludable competencia entre las escuelas.

Pomposas reformas educativas con elaboradas discusiones sobre pedagogía y contenidos no reportan los resultados esperados. Sin reconocer que la educación no es la panacea del desarrollo y que sus demandantes y oferentes responden a incentivos económicos como en cualquier otra industria, estas reformas no podrán ser mucho más que simbólicas.
——
1 Pritchett (1999), Benhabib y Spiegel (1994), y Easterly (2001), entre otros estudios, han mostrado la no existencia de una correlación positiva entre educación y crecimiento económico. Países como Cuba, Irak, Irán, Senegal y Nepal, por ejemplo, presentan altos índices de alfabetismo y educación básica pero bajos índices de desarrollo. Países como Singapur, Kuwait, Lesotho, y Bostwana son ejemplos de lo opuesto.
2 Chile, EEUU y Emiratos Árabes por citar los casos que conozco más de cerca.

6 Comments »

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  1. Es lamentable que una persona tan culta se limite solo a un análisis económico, cuando la educación es primero un bien espiritual, es la posibilidad de desarrollo personal y por lo tanto el crecimiento (espiritual, no económico) de las sociedades.

    Comment by Hik — August 10, 2006 @ 2:05 pm

  2. Gracias por lo de culto.

    Respeto muchísimo el que algunas (o muchas) personas consideren a la educación como un “bien espiritual” y de “desarrollo personal.” El punto que trato de hacer en el post es mucho menos ambicioso. Simplemente anoto que la educación no es la panacea para el desarrollo y por tanto los gobiernos hacen mal imponiendola (a través de impuestos) a todos.

    Es más sano dejar que las personas decidan si quieren educarse o no. Aquellas que la consideren un bien espiritual estarán, me imagino, dispuestos a pagar más por ella. Pero otros la consideran un bien de inversión y otros una perdida de tiempo. Hay de todo. El mensaje central es dejar al individuo libre decidir.

    Comment by Antonio — August 12, 2006 @ 10:21 am

  3. Solo para comentar que en Chile no existe aún un sistema de vouchers aunque con la educación particular subvencionada, algo hay de esto, de manera embrionaria.

    Justamente en Chile hay gran agitación y descontento con la educación pública (en manos de las municipalidades) que obtiene resultados académicos muy por debajo de la particular subvencionada a un costo muchas veces mayor, por mala gestión administrativa, mala calidad de los profesores debido a su inamovilidad, etc.

    Los populistas eternos se las han arreglado para decir que el problema se solucionaría pasando toda la educación al estado pese a las pruebas evidentes del fracaso del estado en esta materia, pierden por goleada frente a los particulares, en todos los aspectos en que se les compare. Afortunadamente los padres ya han ido eligiendo y más del 50% de la educación gratuíta ya está en manos de particulares subvencionados. La educación pública va a la extinción por falta de matrículas.

    Sobre el comentario de Hik me parece bien idealista, pensar que un maestro pueda aportar algo al “crecimiento espiritual” de los alumnos es medio delirante, especialmente con la calidad de maestros que tenemos en América Latina donde el que no sirve para nada se dedica a enseñar.

    Esas frases grandiosas han hecho mucho daño a la calidad de la educación, por la ambiguedad y subjetividad de los objetivos que a veces el adoctrinamiento para sus propias ideas, yo desconfío muchísimo de la educación valórica.

    Comment by Tomas Bradanovic — August 14, 2006 @ 7:05 pm

  4. Comparto la idea de dejar al individuo libre de decidir. No estoy tan seguro que el sistema de “vouchers” haya funcionado en Chile por el simple hecho que los vouchers se les entrega a los colegios y no a las familias. Creo que un mejor ejemplo es Costa Rica donde este sistema si permite a las familias elegir su colegio. Chile esta atravesando por una “crisis” en educación y lo demuestran las movilizaciones de mayo. Digo “crisis” pues justamente el hecho que ahora se tanga una población más educada ha hecho que también sea más exigente y sean los jovenes quienes esten luchando por hacer que la educación sea mucho mejor aun. Me gustaria ver en Bolivia a los jovenes pidiendo una mejor educación y no a Patzi’s y Cia mareandonos con discursos anticolonialistas.

    Comment by Guccio — August 14, 2006 @ 11:14 pm

  5. Fantasticos comentarios. Gracias a Tomas y Guccio por aclarar el funcionamiento del sistema chileno. Cuando vivia en Santiago en la mitad de los 90 la discusion de los voucher educativos era pan de cada dia. Me acuerdo que una buena parte de la discusion era operativa mas que ideologica. Optar por el lado de la oferta (subvencion a escuelas) o demanda (como en Costa Rica) tiene diferencias importantes pero al final se va en la misma direccion. El objetivo es el mismo: libertad de elegir y creacion de incentivos.

    En un ambiente de educacion publica los incentivos a poner esfuerzo alto son bajisimos y por tanto la calidad es muchisimo menor. Un sistema de mercado (o un “clon” del mismo) es usualmente un buen generador de estos incentivos.

    Y si, Tomas, por que sera que en Latinoamerica nos gusta usar esas palabras tan grandes y frases enormes? Todo latinoamericano al final tiende a ser un Libertador epico con fanfarria incluida.

    Comment by Antonio — August 15, 2006 @ 5:34 pm

  6. ¡jajaja, cierto! no me había dado cuenta, somos un poco Bolívares de bolsillo o algo así, buen tema

    Comment by Tomas Bradanovic — August 15, 2006 @ 7:37 pm

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