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August 21, 2006

Mercados, economistas y café

Filed under: Incentivos, Microeconomía, Bolivia, Evonomics - Antonio @ 2:01 pm

Ser profesor de Economía te crea “mañas” que terminan por hacerse crónicas. Hablar solo descifrando los vericuetos de algún modelo o soñar con maximizaciones y equilibrios están entre las más comunes. Ninguna, sin embargo, debe ser tan placentera como nuestra conocida adicción al café. Una maña que ya llega ha hacerse callo.

Un alumno me preguntaba el anterior semestre por qué los profesores de Economía visitaban los Cafés todas las santas tardes como si de un acto religioso se tratara. Somos adictos, le respondí, al café y a la economía. Los economistas tendemos a juntarnos – posiblemente como una respuesta gremial a nuestra perenne impopularidad – y nada nos da mayor gusto que hablar de nuestra ciencia. El café es la excusa perfecta.

Afortunadamente, comprar café resulta bastante simple en el campus de nuestra universidad. Muy cerca a la Escuela de Negocios existen tres o cuatro lugares que proveen el líquido elemento. Un mercado chico, pero mercado al fin. Nuestro consumo diario de café, por tanto, no solo proporciona de deliciosas horas de tertulia sino también de ejemplos interesantes para los alumnos de Principios de Economía.

La primera observación es que los mercados funcionan en base a incentivos. Aunque gracias al consumo frecuente ya se ha desarrollado una interacción cordial entre vendedores y economistas que nos lleva a preguntarnos como estamos y a desearnos las buenas tardes, en el fondo el interés mutuo es meramente comercial. La realidad es que a los vendedores no les importa mucho como estemos sino que compremos café. Y no es motivo de queja, lo entendemos porque a nosotros tampoco nos importan los beneficios del vendedor sino el café.

Si a la anterior observación le añadimos el hecho de que los vendedores no están obligados a vender café ni nosotros a comprarlo, se concluye que el intercambio libre beneficia a ambas partes – de lo contrario, éste no existiera – . Y así se llega a uno de los resultados más importantes de la teoría económica: el intercambio libre de bienes y servicios genera riqueza y no necesita que las partes involucradas se aprecien entre si. Ese es el “secreto mejor guardado” del desarrollo.

La libertad de intercambiar bienes y servicios determina además una asignación eficiente de recursos escasos. Como no estamos obligados a comprar de un Café en particular, los economistas buscaremos los mejores precios, la mejor calidad, y la mejor música y comodidad entre las diferentes opciones. La competencia hará que el café sea producido y vendido con éxito por aquellos vendedores que sean capaces de generar la mejor combinación de estos atributos, i.e. los vendedores más eficientes. El precio del café libremente determinado por oferentes y demandantes, por otro lado, asegurará que este bien sea destinado a los consumidores que lo valoren más.

Este segundo resultado es no menos importante. Los mercados libres, por un lado, harán que los bienes sean producidos por los productores más eficientes y no por los que tengan muñeca o palanca con el gobierno de turno. Por otro lado, los bienes serán dirigidos a los consumidores que los valoren más (reflejado en la disposición a pagar el precio de equilibrio) y no a los que tengan un apellido conocido o se beneficien de “estar relacionados.” Los mercados libres son en el fondo muy democráticos.

Un tercer resultado importante es que los mercados son eficientes replicadores de estrategias que funcionan y maximizan el uso de recursos. Si en algún momento los economistas y otros clientes dejaran de comprar café y empezaran a comprar té, las pérdidas de los vendedores generarían una poderosa señal a potenciales nuevos vendedores y, a través de éstos, a toda la cadena productiva de producción de café. Cuando el mundo deja de valorar un determinado bien, los mercados transmiten señales hacia atrás casi inmediatamente y los agentes se pueden adaptar a las nuevas circunstancias. Cuando los gobiernos intervienen y distorsionan los resultados del mercado, estas señales no existen o son de mala calidad y las economías no se pueden adaptar a los vientos de cambio.

Un requisito implícito e imprescindible en el funcionamiento de mercados libres, sin embargo, es el respeto a los derechos de propiedad. Intercambiar es básicamente transferir derechos de propiedad. Si los economistas intercambiamos “papers” por café, lo que implícitamente hemos hecho es transferir los derechos de propiedad sobre estos bienes. Nosotros ya no somos dueños de los “papers” y los del Café ya no son dueños del café. Pero imagina que, después de intercambiar nuestros bienes, el vendedor nos “nacionaliza” el café arguyendo que estamos en su tienda y todo líquido negro dentro de la tienda le pertenece. Pues estamos listos. El intercambio ya no genera riqueza (por lo menos no para los economistas). Creen ustedes que volveremos a esa tienda? Creen ustedes que volveremos a hacer negocios con ese vendedor? Seguramente que no y por mucho tiempo.

Afortunadamente, cuando agentes privados están a cargo de la oferta, actitudes irracionales como las del vendedor nacionalizador no se observarán muy frecuentemente. En el largo plazo la tienda también perderá al perder a sus clientes. El vendedor, por tanto, procurará tratar a sus clientes con el mayor interés y respetando los acuerdos. El problema, ya lo imaginan, es cuando los vendedores no responden a criterios de creación de riqueza sino a criterios políticos, populistas, revolucionarios, indigenistas, etc.

Cuando existe libertad (sin restricciones burocráticas o regulaciones excesivas), cuando se respetan los derechos de propiedad, y cuando no existe incertidumbre política, los mercados son eficientes generadores de riqueza, eficientes asignadores de recursos, y eficientes mecanismos evolutivos. Y permiten además que los profesores de Economía puedan seguir tomando café.

August 17, 2006

Podrá ser cierto?

Filed under: Bolivia, Evo Morales, Asamblea Constituyente, Evonomics - Antonio @ 11:07 am

La bendita Asamblea Constituyente. Si es para tenerle pánico.

La Razón trae hoy algunos detalles de la supuesta propuesta de Constitución elaborada por el MAS. Fíjese no más.

- Se introduce a la Whipala como símbolo nacional.

No es acaso un símbolo de los campesinos altiplánicos? Que tenemos que ver el resto de nosotros con la Whipala?

- Se introducen dos poderes más además del legislativo, ejecutivo y judicial: la asamblea nacional electoral y el poder ciudadano (poder social).

Cuáles serán las funciones de estos poderes? Ya me las imagino: oponerse a todo, pelear por intereses de grupos sociales y no nacionales, hacer lobby y generar pegas para originarios y camaradas.

- Y vea usted este supuesto artículo: Art. 16 “Se reconoce a los ciudadanos el derecho a la libertad de expresión y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista y comunitaria.” El énfasis es mío.

Imagínese, usted puede decir lo que piensa solo si lo que piensa es de conformidad con una sociedad socialista!!! Perdimos. Si esto se aprueba estamos ante el principio del fin.

August 7, 2006

Los principios de una reforma educativa

Filed under: Señales, Economía Institucional, Bolivia, Evonomics - Antonio @ 12:28 pm

La educación no es condición necesaria ni suficiente para el desarrollo económico. Varios países “educados” todavía son pobres y muchos países desarrollados no lideraban los índices educativos antes de acelerar su crecimiento económico.1

Esta controversial evidencia empírica tiene su explicación en la estructura de incentivos de cada economía. Países con alto desempleo, corrupción y alta intervención estatal, se beneficiarán muy poco de su educación porque sus profesionales no encontrarán empleo, se harán parte de la burocracia política, o emigrarán. Esta “desilusión educativa” se transmitirá a su vez a las nuevas generaciones y los niños tendrán menos incentivos a adquirir educación aunque esta fuese “universal y gratuita.” En países con acelerado crecimiento, respeto a los derechos de propiedad, y menor intervención estatal, por otro lado, niños y padres tendrán incentivos a adquirir educación aunque ésta tuviera un precio.

Aceptar que la educación no es la panacea del desarrollo implica desmitificar ideas y posturas políticas largamente enraizadas como aquellas de que la educación es un “derecho” y debe ser “gratuita y obligatoria.” Primero, y como acabamos de ver, los padres enviarán a sus niños a la escuela y los jóvenes buscarán activamente educarse cuando exista la suficiente expectativa de retornos futuros. Cuando la estructura de incentivos es la correcta no se necesita obligar a nadie a adquirir educación.

Segundo, la educación no es la única forma de invertir en el futuro. Los jóvenes tienen otras opciones. Se puede invertir en capital físico o en desarrollar habilidades no académicas a través de la experiencia laboral. Muchos exitosos empresarios, artistas, deportistas o artesanos sin formación escolar pueden confirmarlo. La educación, entonces, debe ser entendida como un bien de inversión más, uno muy importante, pero solo uno entre diferentes alternativas. Nadie proclama que poseer capital físico o la oportunidad de desarrollar habilidades artesanales sea un “derecho.” ¿Por qué entonces la educación debiera ser uno?

Finalmente, la educación, como casi todo en este mundo, no es gratuita. La educación es un bien escaso y por lo tanto tiene un precio. Aunque los padres o jóvenes no paguen una colegiatura, sí pagan impuestos y estos se usan, entre otras cosas, para construir escuelas, pagar a maestros, etc. Es más, como sucede con casi todos los bienes provistos por el gobierno, el costo de la educación pública es generalmente mayor a la suma de los gastos empleados en proveerla.

Por un lado usted no puede decidir el tipo de educación que reciben sus niños ni tiene la opción de no pagar impuestos si considera que esta educación no satisface sus requerimientos. El gobierno define el tipo de educación que se ofrece, los impuestos se los cobran igual, y usted debe pagar adicionalmente por una educación privada acorde con sus necesidades. Por otro lado, la provisión de educación pública con impuestos distorsiona la relación entre cliente (padres o jóvenes) y proveedor (maestro, director de escuela, etc.). En una industria satisfecha por mercados, los clientes tienen el derecho claro a demandar un buen servicio o a cambiarse de proveedor. La competencia genera incentivos en las firmas a proveer mayor calidad a menores precios. En el contexto de la educación pública este beneficio del mercado no se llega a concretar.

Una verdadera reforma educativa debiera, por tanto, introducir estas consideraciones. Las típicas discusiones sobre pedagogía, diversidad, el lenguaje o la religión que se deben enseñar, no enfrentan el verdadero problema. El uso de mercados descentralizados en la provisión de educación es, definitivamente, el norte a seguir. Un mercado educativo competitivo es capaz de recoger las señales de la industria y el mercado laboral, y de responder a las necesidades de los demandantes de educación.

Existen varios ejemplos de países que han venido exitosamente reformando sus sistemas educativos en esta dirección evitando además hacer transiciones muy traumáticas.2 Estas experiencias han demostrado que la aplicación de un mercado educativo genera mayores coincidencias por el lado de la oferta que por el lado de la demanda.

Aunque en el largo plazo la oferta debiera ser privada, un paso inicial de consenso suele ser que los establecimientos educativos no tengan asegurados los fondos públicos sino que compitan por ellos en base a su rendimiento. Esto restaura los incentivos del proveedor a elevar la calidad de su servicio. En el caso de la demanda la pregunta de la discordia sigue siendo: ¿Qué pasa con las familias pobres que no pueden pagar por educación? Una solución temporal típica es el acceso a créditos blandos por parte de instituciones gubernamentales y extranjeras, o donaciones (becas). En Chile, el sistema de “vouchers educacionales,” por ejemplo, ha sido un exitoso paso inicial. Como los créditos son solo eso, créditos que uno termina pagando, el rol de cliente es restaurado y los padres y jóvenes ejercen una real y efectiva demanda por educación. Esto, a su vez, genera una beneficiosa y saludable competencia entre las escuelas.

Pomposas reformas educativas con elaboradas discusiones sobre pedagogía y contenidos no reportan los resultados esperados. Sin reconocer que la educación no es la panacea del desarrollo y que sus demandantes y oferentes responden a incentivos económicos como en cualquier otra industria, estas reformas no podrán ser mucho más que simbólicas.
——
1 Pritchett (1999), Benhabib y Spiegel (1994), y Easterly (2001), entre otros estudios, han mostrado la no existencia de una correlación positiva entre educación y crecimiento económico. Países como Cuba, Irak, Irán, Senegal y Nepal, por ejemplo, presentan altos índices de alfabetismo y educación básica pero bajos índices de desarrollo. Países como Singapur, Kuwait, Lesotho, y Bostwana son ejemplos de lo opuesto.
2 Chile, EEUU y Emiratos Árabes por citar los casos que conozco más de cerca.

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