El Mundial de Fútbol
Lo esperaba ansioso. Compré anticipadamente una subscripción de satélite y dispuse el “estadio” en el living de mi casa. Todo estaba listo y dispuesto para vivir la fiesta. Pero oh sorpresa. Cuando llegó la hora esperada y los partidos empezaron comprobé que mi entusiasmo por el mundial ya no era el mismo. Contra toda lógica, no me apetecía ya pasarme tantas horas frente al televisor. Durante la primera fase del torneo solo ví un par de partidos completos. Perdí el interés casí por completo.
Después de pensarlo mucho e indagar mi psicología misteriosa, creo haber encontrado dos tipos de explicaciones para este cambio de actitud: expectativas no racionales y externalidades de red (network externalities).
Expectativas.
Mi experiencia con mundiales de fútbol es tan buena que mis expectativas para éste 2006 estaban claramente sobredimensionadas. En el pasado (niño o adolescente) jugaba muchísimo al fútbol, mis amigos jugaban y miraban muchísimo fútbol, todos sabían de fútbol, y el fútbol se llamaba fútbol y no soccer. Las pasiones que este deporte generaba eran contagiosas y fácil de sentir. La prensa hablaba de los partidos, de los jugadores, de las esposas de los jugadores y hasta de las fiestas de los jugadores. Vivía en países “futbolizados.”
La experiencia de ver un mundial de fútbol en este tipo de ambientes o países es completamente distinta a la experiencia de verlo en Estados Unidos o en Emiratos Árabes. Las expectativas no podían ser las mismas. Pero yo no actualizé las mías. Esperé la misma sensación de antes pero ésta nunca llegó.
Las expectativas juegan un rol importantísimo determinando el comportamiento de los agentes económicos. Durante los años 70 el profesor Robert Lucas, por ejemplo, desarrolló la “hipótesis de expectativas racionales” que determina que los agentes económicos usan toda la información disponible (la pasada y la presente) al formar sus expectativas o predicciones sobre variables económicas. Estas expectativas determinan, a su vez, el comportamiento corriente o actual de estos mismo agentes. Una implicación importante de esta hipótesis es que los agentes económicos usando expectativas racionales no podrán ser “sorprendidos” repetidamente por políticas monetarias y por lo tanto estas no tienen efectos “reales” sino solamente “nominales” en la economía.
Mis expectativas sobre el mundial eran “adaptativas” (porque reflejaban información pasada) pero no eran “racionales” (al no reflejar información presente). El resultado fué que el mundial me sorprendió. Caí en la trampa de dejar que la nostalgia del pasado determine lo que espero de un evento futuro.
Externalidades de red.
Uno disfruta más de ser un fanático del fútbol cuando puede comentar los partidos con los amigos, leer las noticias en la prensa, ver los programas de la televisión con reportajes acerca de los jugadores o determinados equipos, etc. Es decir, el fanático incrementa su “utilidad” al formar parte de una red (network) de más fanáticos. En términos económicos, los demás fanáticos le generan a uno una “externalidad positiva.” Esa red, en Emiratos Árabes, es pequeñísima y por lo tanto también lo es la externalidad positiva generada. O como decía un amigo mío, “ver fútbol solo es casí como no verlo.”
Uno de los ejemplos más ilustrativos de la externalidad positiva generada por una red es el caso de los sistemas operativos. Aunque Apple Computers provea un mejor sistema operativo (técnicamente hablando), la externalidad positiva generada por los usuarios de Windows, hace que este último sistema operativo sea de lejos el más demandado por los usuarios.
Creo que estas son, por ahora, las razones que hacen que mi entusiasmo por la copa del mundo no despegue. Por ahora.
