El déficit fiscal llega al 4%
Si los economistas fuéramos superheroes (aquellos de capa y antifaz) uno de nuestros muchos némesis serían los déficits fiscales. Lucharíamos contra ellos como si de espantosos monstruos se tratase. Y hay que subrayar que lucharíamos contra los déficits fiscales y no necesariamente contra los otros, los déficits privados. Los primeros son muy peligrosos y los segundos más benignos e incluso beneficiosos…
Vamos paso a paso.
Un presupuesto está en déficit cuando los gastos son mayores a los ingresos. Un déficit, por tanto, genera deuda. La deuda no es mala per se. De hecho puede ser un gran idea. Uno genera deuda al comprar una casa, al invertir en empresas, al comprar un automóvil, o al pagar colegiatura en la universidad. Mientras se utilice la deuda en actividades con altas probabilidades de retorno en el futuro (monetarias o de otra índole), la deuda es una palanca tremendamente eficaz. La clave, por supuesto, está en discernir que actividades generarán retornos en el futuro y cuales representan solamente gasto corriente. Esa es la diferencia entre “buena deuda” y “mala deuda.”
Determinar si una deuda es “buena” no es muy sencillo. Se debe investigar, estimar, y predecir retornos futuros para decidir si el uso del déficit es racional y prometedor. Los agentes privados son generalmente mucho mejores que los públicos tomando esta decisión. Las abuelas se refieren a esta idea diciendo “cada uno sabe donde le apreta el zapato.” Cuando se trata de la plata (el déficit) de uno, uno tiene todos los incentivos a cuidarla y tratar de invertir bien.
Piense en lo que pasa cuando es el gobierno el que se endeuda. Ni es su plata ni los beneficios (si existen) serán para ellos. El gobierno usa plata de terceros (impuestos) para beneficiar a terceros. Los incentivos a cuidar de las deudas son, por lo tanto, mínimos. Ese es el primer gran problema de los déficits fiscales.
El segundo gran problema es que el gobierno (a través del Banco Central) tiene el monopolio de la producción de dinero. Déficits fiscales que se salen de control gatillan la tentación de imprimir dinero para cubrirlos. El resultado usted lo conoce muy bien: inflación.
La Razón trae una nota que anuncia que el déficit fiscal “se dispara al 4%” del PIB debido entre otras cosas a los aumentos salariales de Evo. Cuidado. Mucho cuidado. Los déficits fiscales y los salarios mínimos son los malos de la película que los superhéroes economistas tratan de eliminar. Malos, además, que no se parecen en nada a Gatúvela.
