Lección 3: El Mercado Laboral
Mi post anterior presenta el argumento básico en favor del uso de mercados como mecanismos de asignación de recursos: La libertad de maximizar los beneficios personales genera que los bienes sean asignados a aquellos consumidores que los valoran más y sean producidos por aquellos productores que minimicen costos. Los mercados son, por tanto, “eficientes:” maximizan el uso de recursos escasos.
Una de mis actividades favoritas en el salón de clases es la simulación de un mercado de manzanas. Los estudiantes son divididos en dos grupos: compradores y vendedores. Los compradores son asignados un monto de dinero y los vendedores un costo de producción al azar. Cuando el mercado se abre, el salón de clases se convierte en una verdadera feria. Compradores y vendedores se mueven de un lado para otro, conversan, gritan, negocian, imploran, etc. El salón de clases es un verdadero caos. Al final del experimento anotamos todos los precios negociados y calculamos el precio promedio. También calculamos el beneficio total de todos los vendedores y el ahorro total de todos los compradores.
Cuando los estudiantes han vuelto a sus asientos, revelo a la clase cuantos vendedores y cuantos compradores participaron del mercado y cuales eran sus costos de producción y montos de dinero respectivamente. Los estudiantes tienen ahora toda la información relevante. Un ejercicio interesante es asumir que uno de los estudiantes tiene todo el poder de controlar el mercado y formar parejas de vendedores y compradores como a él le parezca. Se puede encontrar un arreglo que genere mayores beneficios totales para la economía (beneficios de los vendedores más ahorro de los compradores) que el resultado del mercado? Después de tratar por 10 minutos distintas formulas, ningun estudiante es capaz de encontrar dicho arreglo.
La lección es enorme: Los mercados libres por más caóticos y desorganizados que parezcan, generan por si solos la máxima eficiencia posible, i.e. el mayor beneficio total para sus participantes. Cualquier intervención o direccionamiento no podrá mejorar sus resultados.
Algunas semanas más tarde repetimos el experimento pero en vez de manzanas ahora comerciamos trabajo: un mercado laboral. Los estudiantes son ahora trabajadores y compañías que ofrecen y demandan trabajo. En la primera ronda el mercado es completamente libre. Las lecciones del primer experimento se repiten: El mercado laboral maximiza el beneficio para la economía (trabajadores y compañías juntos). En la segunda ronda el gobierno (yo) impone un salario mínimo: las compañías no pueden contratar trabajadores por debajo de este precio. La primera reacción de los estudiantes que asumen el rol de trabajadores en el experimento es de regocijo…”ahora tengo garantizado por lo menos este salario.” Pero cuando el mercado se abre lo que se observa es que las compañías contrataran menos que antes (los trabajadores son ahora más caros). Sí, los pocos trabajadores que logran un contrato están mejor que antes (mejor salario) pero la contrapartida es que hay muchos otros trabajadores que no pueden conseguir un contrato. Al final de la ronda medimos el benficio para el conjunto de la economía y descubrimos que es menor que antes: el salario mínimo ha empeorado la asignación de recursos en lugar de mejorarla.
En la tercera ronda el gobierno (yo, otra vez) impone una regla interesante: los trabajadores que se contraten esta ronda no podrán ser despedidos en subsiguientes rondas. Es decir, que si en subsiguientes rondas no es rentable contratar el número de trabajadores contratados en esta ronda, la compañía no podra deshacerse de ellos y potencialmente asumirá pérdidas. La reacción inicial de los “trabajadores” es otra vez de regocijo. El resultado, sin embargo, es claro: Las compañías son más cautas y contratan mucho menos que antes. Cuando medimos los beneficios de la economía, el resultado es otra vez el mismo: El mercado libre de la primera ronda sigue siendo el más eficiente.
Simple y poderoso. Este experimento generalmente convence a los estudiantes de los perniciosos efectos de intervenir en los mercados libres.
Y en Evoland? Pues al reves. La Razón en su edición del 29 de Enero anuncia que Evo terminará con la libre contratación laboral. El ministro Carlos Villegas fué claro: “Vamos a derogar la libre contratación, los trabajadores tienen que tener certeza de su fuente laboral e ingresos seguros.” Cuál es nuestra predicción? El resultado es obvio y se demuestra muy claramente en la tercera ronda el experimento descrito arriba: no se conseguirá “estabilidad laboral,” se conseguirá desempleo.
Se preveen además incrementos en el salario mínimo. Por ahora se ha anunciado un 7% de incremento en el salario de los maestros. Cuando se incrementan los salarios mínimos ocurre lo que ocurrió en la ronda 2 del experimento descrito más arriba. En vez de mejorar a los trabajadores en general, solo se mejora a un subgrupo (generalmente los que ya están empleados y forman parte de un sindicato fuerte). El resultado es que la economía en general está peor que antes.
Un claro ejemplo boliviano fué el caso de las trabajadoras del hogar. Algunos años atrás se organizaron y movilizaron reclamando incremento de salarios, aguinaldos, vacaciones, seguros, etc. Todo muy razonable y loable pero la realidad era otra. Cuando el presidente aprobó el reclamo de las “empleadas” y lo hizo ley, las familias no las contrataron más. Simple, tener una “empleada” era muy caro. La prensa de esos años reportó que algunos meses después las trabajadoras del hogar se movilizaron otra vez pero ahora para pedir la derogación de su ley.
Mercados libres generan siempre mejores resultados que aquellos podados y guiados como al gobierno le parece mejor.
